El Asoleado de Cauquenes: vino al estilo del Conde de Montecristo

 

 

El Asoleado y el Pajarete, son los únicos vinos nacionales que ostentan una flamante Denominación de Origen.

 

El vino Asoleado de Chile es un vino escaso que pocos consumidores han tenido la oportunidad de conocer o probar (blanco o tinto). Apenas tiene prensa escrita y sin embargo, junto al Pajarete son los únicos vinos nacionales que ostentan una flamante Denominación de Origen.

 

El decreto 28, ley 18.455 del Servicio Agrícola y Ganadero dice así:

 

“Vino Asoleado: esta denominación queda reservada para el vino generoso genuino producido y envasado, en unidad de consumo, en el área de secano comprendida entre el Río Mataquito por el Norte y el Río Bío-Bío por el Sur, provenientes de vides plantadas en el área mencionada”.


Obtuvo la denominación de origen en 1953 y cuentan las crónicas de la época fue el vino más cotizado en el Chile del siglo XIX y principios de los 90s. Poco después comenzó el vertiginoso declive de este concentrado y goloso vino. En los porqués de su olvido, sirva la banal explicación que en enología también las modas cambian y en detrimento del Asoleado, florecieron nuevas gustos y demanda globalizada por otros vinos secos con la tecnología.

 

Pero la vida da muchas vueltas, el Asoleado, merece revertir su destino y nuevas iniciativas ya vienen en camino por parte del INDAP, organismo que  ejecuta desde el 2014 un innovador programa en colaboración con ODEPA, FIA, INIA, CNR y SAG denominado “Viñas Campesinas” con el propósito de levantar la deprimida economía de unos 4.500 pequeños productores dando salida a este y a otros vinos considerados patrimoniales
 

Creo firmemente en el Asoleado, especialmente el tinto, escasos, pero que representan la herencia de una sabiduría colonial en Chile enfocada en obtener, desde sus rústicas vinificaciones artesanales, vinos especiales, distintos y más perdurables, aquí y en el resto del mundo. La clave en este estilo es elegir parras viejas y variedades de uva capaces de madurar al extremo sin ser afectadas por la pudrición; aplicando una posterior pasificación parcial por asoleo para aumentar el azúcar residual y el consiguiente alcohol en el vino; dos eficientes conservadores ante la oxidación.

 

Por estos días degusté Loyolas, Asoleado de Cauquenes, concebido a la vieja usanza. Es relevante señalar su carácter goloso, dulzón, pero bien compensado por una alta acidez volátil - en otros vinos, un defecto -  y aquí le daba su toque gracia. Destacar además que su perfil o “condición de género”, enológicamente hablando es un eslabón que engancha perfecto con la esencia de los otrora, ancestrales vinos dulces del Mediterráneo también en extinción y de los cuales el Fondillón tinto de Alicante

los representa en forma fidedigna. En la línea del Pajarete y otros moscateles, los Asoleados fueron ensalzados en Europa durante siglos por gastrónomos, artistas y escritores de la talla de un Shakespeare o Alejandro Dumas, quien en el capítulo cincuenta y cinco de su novela, El Conde de Montecristo, el protagonista elige el vino Fondillón de Alicante antes que un Jerez o un oporto. 

 

 

 

 

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